Sangre, sudor y lágrimas. PARTE 3 [ BTS ] [ JIMIN ] [ JUNGKOOK ] [JIKOOK] [SONGFIC] [ YAOI ] [ BDSM ] [ +18 ] [ LEMON]

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Al ver como asentía el chico tímido el dominante les dio un par de palmadas suaves en los muslos para que se levantasen.

—Vamos entonces. —Se levantó también y caminó en dirección a una zona llena de grandes cojines donde había varias personas charlando y jugueteando entre ellos.

Los dos muchachos le siguieron a un par de pasos de distancia tal y como habían aprendido en la normativa. Jimin se acercó al aquel chico tímido y acarició su antebrazo para llamar su atención.

—¿Cómo te llamas? —Susurró en su oído y el muchacho le miró indeciso ya que no era común intercambiar nombres en aquel tipo de situaciones.

—Si te portas bien te lo diré después. —Aquella respuesta acompañada de un guiño le pilló desprevenido. Después de todo ese chico tan guapo no era tan vergonzoso como parecía.

El dominante que les guiaría en aquella primera experiencia se acomodó en uno de los asientos en forma de trono dorado y ellos se arrodillaron frente a él. Su acompañante se fijó en que las manos de Jimin no estaban bien colocadas. Aquel muchacho había leído la normativa mil veces, o por lo menos tantas como para no olvidar ni el más mínimo detalle.

—Con su permiso… —el joven se dirigió al dominante antes de acercarse a Jimin. — Debes ser más cuidadoso…

Le ayudó a colocar las manos sobre los muslos con las palmas hacia arriba. Y también presionó suavemente con su mano la parte baja de su espalda para que estuviera más erguido. Al finalizar se colocó en la misma posición y se quedó en silencio esperando a que el dominante les ordenase algo.

A Jimin se le aceleraba el corazón cada vez que aquel muchacho tocaba de ese modo y era inevitable que se le escapasen algunas sonrisas y suspiros. Buscó su mirada y sonrió agradecido por su ayuda. Al mirar al frente se dio cuenta de que el dominante hablaba en susurros con una de las chicas vestidas de blanco. Esta asintió con una sonrisa y se marchó rápido desapareciendo tras una de las puertas de color rojo. Aquellas que ambos sabían no podían cruzar.

Pasaron unos cuantos de minutos antes de que volviese y la espera se hizo eterna para los dos ya que el dominante no se dirigía a ellos porque estaba entretenido observando a un par de chicas desnudas que a un par de metros de ellos se masajeaban suavemente con esencias y aceites. En cuanto volvió, la chica de blanco le ofreció al dominante una caja dorada de la que él sacó un par de vendas negras, una fusta con la punta de terciopelo y una gran vela blanca que había sido usada ya varias veces.

Dejó todos los objetos en el suelo y en un gesto rápido indició a los dos novatos que se acercasen.

—Observad estos objetos con detenimiento. Si hay alguno que no queráis usar ahora es el momento de hacerlo. Ya sabéis que el BDSM no es una cuestión de sangre, sudor y lágrimas. —Dijo el dominante mientras Jimin se fijaba en su compañero que no perdía vista de la vela. —

—¿Duele mucho? —Jimin cogió la vela entre sus manos y la sostuvo mostrándosela al dominante.

—La verdad es que no. Solo son unos cortos segundos de un calor intenso, pero no causa quemaduras graves.

El chico tímido parecía ahora más tranquilo y asentía mirando al suelo.

—Estoy dispuesto… a todo. —la voz de aquel muchacho sonaba dulce pero segura.

—Entonces, —El dominante comenzó a acariciarse por encima del bóxer mirándoles— adelante. Tápale los ojos y después tápatelos tú.

Al cruzar la mirada con el dominante Jimin entendió que se lo pedía a él y enseguida se acercó al chico con las dos vendas en las manos. Ambos estaban de rodillas enfrentados, respiraban tan profundamente que sus pectorales se expandían a cada bocanada.

Pasó sus manos por el pelo de aquel muchacho tímidamente y al acercarse para anudar la venda detrás de su cabeza se acercó a su oído.

—Soy Jimin… —fue un susurró casi imperceptible para que el dominante no lo escuchase, pero había sido tan cercano e íntimo que la piel del joven se erizó por completo— Encantado.

No recibió respuesta y por eso Jimin se aseguró de que aquel chico no podía ver nada. Se tapó a sí mismo los ojos y pronto notó como las manos del chico acariciaban sus muslos de forma tímida. Tragó saliva sintiendo como su corazón latía con fuerza y se atrevió a abrazar su cintura de una forma impetuosa pegando su cuerpo al suyo queriendo sentirle muy cerca. Ambos movían los cuerpos acompasadamente cuando Jimin notó como una mano que dedujo era la del dominante acariciaba su espalda y bajaba despacio por sus nalgas. No poder ver nada era, aquella situación era tan excitante como desesperante.

—Hm… —Jimin suspiraba porque le encantaba el olor que desprendía la piel de su compañero, era una mezcla dulce y ácida que le incitaba a besarla y morderla.

Se atrevió a acercarse despacio a su cuello y ya perdido en aquel sabor, notó una pequeña punzada de dolor que hizo que se abraza más al muchacho. El amo había tirado de la tela de su bóxer y había dejado una de sus nalgas al aire regalándole un buen azote con la pequeña fusta por ser tan impetuoso y hacer sin pedir permiso.

—Perdón… —Jimin respondió rápidamente y se colocó de nuevo en aquella posición de sumisión que había aprendido. Aunque sus manos estaban sobre sus propios muslos aún podía notar la cercanía de aquel muchacho y la calidez de su aliento.

—Quitaos los boxers… —la orden salió de los labios del dominante en un tono serio y severo. Al ver que ambos obedecían rápidamente el dominante siguió. — Os quiero a cuatro patas…

Esta vez también ambos obedecieron rápido retirándose la ropa interior y dejándola a un lado. A pesar de no poder ver nada consiguieron colocarse de ese modo haciendo que sus hombros se rozasen suavemente por la cercanía.

Jimin respiraba agitado ya que el azote en una de sus nalgas aún quemaba, era doloroso pero placentero al mismo tiempo. Temblaba excitado imaginando como el resto de la gente de la sala debería estar en ese momento mirándoles curiosos. Aquella era sin duda una experiencia nueva y emocionante. Intentaba contenerse para no mover las manos y acariciarse la piel enrojecida de su nalga cuando notó una calidez en su lóbulo.

—S-soy Jungkook… —Al escuchar la voz dulce de su compañero Jimin sonrió al comprender que el joven se había apiadado de él por el castigo recibido y había adelantado su promesa.

Esta vez el dominante sí les había escuchado y les propinó un par de azotes a cada uno esta vez mucho más fuertes que la primera vez. Los cuerpos de ambos temblaron con fuerza. Jimin movió su mano y en un gesto rápido estrechó la de Jungkook entre la suya. Se sintió agradecido por vivir ese momento con él.

— M-más… —Un leve gemido se escapaba entre los labios de Jimin. Él también estaba dispuesto a todo.

[CONTINUARÁ]

Sangre, sudor y lágrimas. PARTE 2 [ BTS ] [ JIMIN ] [ JUNGKOOK ] [JIKOOK] [SONGFIC] [ YAOI ] [ BDSM ] [ +18 ] [ LEMON]

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Jungkook respiraba agitado pasando una de sus manos por sus pectorales desnudos, como si presionar sobre la zona hiciera que su corazón dejase de latir como si quisiera salirse por boca. No era miedo, era más bien excitación, impaciencia y curiosidad por todas las nuevas experiencias que viviría en aquel lugar.

Caminaba despacio por el suelo frío blanco y negro que decoraba la estancia donde le había guiado un hombre vestido de blanco. La habitación de grandes dimensiones estaba ostentosamente decorada con cuadros y réplicas de esculturas. En el techo había una gran claraboya blanca por la que entraba una luz natural algo tenue ya que comenzaba a oscurecer. Al escuchar ruidos detrás de él se giró rápido y sonrió agradecido al ver que poco a poco iban accediendo más personas. Podía reconocer el significado de las cintas en los cuellos, muslos o brazos de los sumisos principiantes que al igual que él habían sido invitados a esa estancia para hacer un rápido recordatorio de las normas. Se hizo a un lado para poder acercarse más al hombre de traje blanco que se disponía a hablarles.

Les recordaron e hicieron hincapié sobre todo en el hecho de que estaban allí bajo su propia elección, qué podían negarse a cualquier tipo de práctica en todo momento y que eran libres de marcharse de allí en todo momento. No es que no lo supiera, pero al oírlo en boca de un responsable del lugar sintió como un ligero peso desaparecía de sus hombros.

—Adelante… —El hombre vestido de blanco abrió una puerta mucho más grande que las demás y en cuanto todos pudieron ver lo que había al otro lado se escuchó un gran sonido de aprobación y sorpresa.

Un jardín, lleno flores de colores vibrantes y un estanque artificial, le esperaba al otro lado. En el centro una mesa inmensa, posiblemente la más grande que había visto en su vida, lujosamente decorada y repleta de un gran banquete de frutas y algunos dulces. El hombre de blanco se colocó presidiendo la mesa y les invitó a sentarse también y disfrutar de la comida mientras él les seguía hablando sobre sus obligaciones y sus derechos como sumisos. Insistía especialmente en que cuando un dominante les seleccionase como sumisos permanentes debían cuidar su alimentación y jamás iniciar ninguna practica bajos los efectos de las drogas o el alcohol. Uno de los puntos fuertes del BDSM eran las experiencias sensoriales conseguidas a través del placer y consumir drogas podría convertir una experiencia satisfactoria en una terrible pesadilla. También les advirtió de que no se desilusionaran si ningún dominante les seleccionaba durante las primeras visitas ya que para los dominantes es primordial ganarse la confianza de sus sumisos y eso requería tiempo.

Jungkook suspiró agobiado jugueteando con un racimo de uvas que se estaba comiendo al darse cuenta de que era posible que aquel día se marchase sin siquiera poder hablar con ningún dominante. Su pierna izquierda se movía rápidamente, un gesto de nerviosismo que tanto le caracterizaba cuando algo se salía de su control.

—Tranquilo… —Una mano cálida se posó en su muslo para frenar su rápido movimiento.

Elevó rápido la mirada y se quedó sorprendido al ver al muchacho que había a su lado. Estaba tan inmerso en escuchar al hombre de blanco que ni siquiera se había fijado en se había sentado junto a él.

—No harán nada que tú no quieras. —Un muchacho de una edad cercana a la suya y con una mirada entre traviesa y dulce insistía en tranquilizarle.

—No… No es eso. —Susurró a modo de respuesta y se volvió a girar hacia el hombre de blanco que ahora les explicaba que podían quedarse en el jardín tanto como quisieran o que podían acceder a la sala pública donde les esperarían los dominantes y otros sumisos más experimentados.

El hombre de blanco se marchó dejando el gran portón que daba acceso a la sala pública medio abierto y todos se quedaron quietos como estatuas alrededor de la mesa. Las miradas se cruzaban a la espera de que uno de ellos se atreviese a ser el primero en acceder a lo desconocido.

—¿Quieres entrar conmigo? —El muchacho que había intentado tranquilizarle se había acercado tanto a su oído para hablarle que notó un escalofrió cuando sus labios casi le rozaron el lóbulo. — Si entramos juntos será menos… ¿extraño?

 —No creo que eso esté permit… —Antes de poder negarse el muchacho cogió su mano y tiró de él para que le siguiese. En ese momento se fijó en la cinta que decoraba su tobillo, era de color púrpura con una línea blanca. Bajó la mirada a su propio tobillo para ver su cinta y sonrió al comprender que no solo ambos tenían las mismas preferencias, sino que también habían escogido el mismo lugar para ponerse la cinta.

Aquel desconocido abrió un poco más el gran portón y al ver aquella inmensa sala llena de sumisos y dominantes que les miraban llenos de curiosidad, Jungkook estrechó la mano del muchacho y por instinto se escondió un poco detrás de él. Estaba tan nervioso que apenas se fijó en que al fondo de la sala había grupos, parejas y algunos sumisos solitarios ya inmersos en juegos sexuales. Una camarera totalmente desnuda a excepción de un collar de cuero y tachuelas doradas se acercó a ellos y les ofreció fresas envueltas en chocolate. Negó sintiendo de repente un nudo en el estómago, pero su compañero cogió una de ellas sin dudarlo.

—Daebak… —El muchacho desconocido investigaba con los ojos como un búho cada rincón de la sala mientras una gota del jugo de la fresa caía por su barbilla. —Mira, ¡mira!

Señalaba emocionado a un dominante que caminaba lleno de confianza por la sala sosteniendo una correa que se conectaba con los collares de un sumiso y una sumisa.

—¡No señales! —Jungkook picó suavemente la mano del muchacho sintiendo como sus mejillas se ponían rojas por la vergüenza. — Nos llamarán la atención.

El muchacho solo reía ilusionado y se limpiaba la gota de jugo de su barbilla con un dedo para lamerlo después. Jungkook notó la presencia de alguien detrás de ellos y soltó rápidamente la mano de aquel chico.

—Hola… —Era la voz profunda y grave de un hombre mucho más alto que ellos. Sonreía lleno de confianza y les ofrecía su mano a modo de saludo. — Bienvenidos. Me gustaría invitaros a tomar algo.

Se fijó entonces en aquella cinta negra con una banda dorada en el centro que decoraba su cuello y comprendió que debía ser un dominante del mayor rango, los que tenían más experiencia.

—Nos encantaría, muchas gracias. —El desconocido respondió por los dos y antes de poder decir nada Jungkook se encontró a si mismo siguiéndoles a uno de los laterales. Esperó a que el dominante escogiera un lugar ya que sabía que debía esperar siempre a que ellos les guiasen y se sentó a su lado jugueteando con una de las cintas de cuero que decoraban su muslo.

—¿Es vuestra primera vez aquí? —El hombre que debía tener unos 10 años más que ellos, pero el cuerpo totalmente musculado les miraba curioso. — Tranquilos… podéis hablar con tranquilidad, no soy vuestro dominante. Aún…

Una sonrisa socarrona salió de los labios del dominante mientras acariciaba suavemente la barbilla de aquel muchacho desconocido y después el cuello de Jungkook.

—¿Habéis venido juntos?

—N-no… Solo hemos entrado juntos aquí… —Jungkook se atrevió por fin a hablar, pero un camarero le interrumpió cuando les acercó tres copas de con un zumo rosado que les hizo recordar que al alcohol estaba prohibido en aquel sitio. Todos bebieron un trago corto y dejaron las copas a un lado.

—Ah, comprendo. Bueno, es buena idea iniciarse en este mundo con otro sumiso. —El hombre les observaba detenidamente y sin ninguna vergüenza mientras les hablaba. — Algunos dominantes prefieren tener más de un sumiso.

Les señaló disimuladamente a un dominante que a unos pocos metros de ellos recibía una deliciosa mamada por parte de tres sumisos que casi parecían luchar por la atención de él.

—Otros prefieren solo uno. —En esa ocasión señaló con la mirada a una joven dominante que acariciaba y mimaba a su sumiso. Pasaba sus manos suavemente por las nalgas de él que estaban completamente enrojecidas después de un buen castigo de azotes. — Si algo tiene el mundo del BDSM es que nunca sabes lo que te depara.

—Gracias por instruirnos… —Respondió educadamente Jungkook. — Y perdónenos si cometemos algún error. Somos novatos.

Mientras hablaba miraba fijamente a los ojos del chico desconocido. Apenas se conocían, pero podía intuir en él un carácter impetuoso que le metería en más de un problema.

—Tranquilos. Al principio es normal cometer errores. Los dominantes serán benevolentes con vosotros, aunque no descarto que os ganéis algunos azotes. —Las grandes manos de aquel hombre paseaban ahora con más confianza por uno de los muslos del chico desconocido y por la cintura de Jungkook. Estaba claro que él era uno de esos dominantes que no tenían suficiente con un solo sumiso.

Jungkook suspiró levemente porque la cálida sensación en su piel era sin duda agradable, giró el cuerpo levemente y se atrevió a juguetear con sus dedos por la piel de los abdominales del hombre. Notó también una suave sensación en su muslo y elevó la mirada sorprendido al ver que era el chico desconocido quien pasaba sus manos suavemente por su piel sin quitarle la vista de encima.

Sintió como el brazo del hombre se estrechaba las cinturas invitándoles a sentarse sobre sus piernas. Accedió obediente y sintió como se le aceleraba el pulso al sentir aquellos dos cuerpos casi desnudos de ellos dos tan cerca del suyo.

—Siento que hay mucha confianza entre vosotros. —El dominante les susurraba con una voz profunda que casi gemía— ¿Me regalaríais la oportunidad de veros juntos?

Aquella propuesta le pilló por sorpresa y solo elevó la mirada buscando la del chico desconocido que se relamía suavemente los labios dejando claro que él estaba dispuesto. Suspiró profundamente sin apartarle la mirada por primera vez y asintió levemente.

[CONTINUARÁ]

 

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Antes de leer te recomiendo ver el videoclip (versión coreana) de la canción y leer la traducción de la letra ya que este fanfic está inspirado en la letra de la canción y en objetos y escenas que aparecen en el vídeo:

PARTE 1

Observaba el reloj colgado de la pared cada treinta segundos y cada una de las veces se preguntaba por qué no avanzaba. Incluso, un par de veces se incorporó de la cama para comprobar que no se había parado. Por momentos se daba cuenta de lo absurdo de su comportamiento, pero volvía a caer una y otra vez. Finalmente, volvió a la cama y se sentó inquieto mirando a su alrededor, contempló la opción de ponerse a recoger aquella estancia que parecía más una leonera que el cuarto de un veinteañero, pero se dio por vencido al darse cuenta de que no le daría tiempo. Se reacomodaba la ropa, asegurándose de que todo estaba en perfecto estado. Había escogido sus mejores galas y se había peinado con esmero, la ocasión merecía el esfuerzo.

Sonó su móvil y sobresaltado se palpó sobre el corazón antes de alargar la mano y comprobar de qué se trataba. Solo era el mensaje de un compañero de trabajo aburrido, quien andaba buscando alguien con quien salir a tomar algo esa noche. En otra ocasión hubiese respondido de inmediato, pero esa noche no, esa noche ya estaba todo planeado.

Ya que tenía el móvil en sus manos y media hora de espera, se entretuvo releyendo los mensajes que le había enviado su «host». Habían pasado casi dos semanas compartiendo mensajes en los cuales había textos larguísimos y muy explícitos sobre las normas de aquel club tan especial. Durante los primeros días estuvo a punto de darse por vencido, ¿por qué tenía que leer tanto si él lo único que quería era iniciarse en las prácticas del BDSM? Pronto aprendió que el BDSM era un mundo complejo y a menudo incomprendido. En realidad, las prácticas sexuales, el dolor y el supuesto abuso no eran más que excusas para conocerse mejor a uno mismo. Según lo que había leído, conforme experimentase y avanzase en las prácticas BDSM aprendería autocontrol, autoestima, creatividad sexual, fortaleza mental y muchísimas otras cosas que no solo serían placenteras, sino que también le harían crecer como persona.

Abrió el último archivo en que se relataban las normas relativas a ese primer día como invitado en el club. Las releyó por encima de forma rápida, aunque ya las había leído muchas veces durante esas dos semanas. Quería asegurarse de que no estaba olvidando nada, pero era consciente de que su carácter impetuoso le haría cometer muchos fallos. Intentaba recordar las directrices a la hora de dirigirse a los dominantes del lugar cuando sonó el timbre de su apartamento. El chofer había llegado.

Salió rápido de casa y corrió bajando las escaleras del edificio. Aunque se había prometido a si mismo que se controlaría para no demostrar lo novato que era, en cuanto vio la limusina blanca frente a su edificio soltó un pequeño grito de sorpresa. Se recompuso como pudo y saludó al chofer que ya le esperaba con la puerta abierta. Cuando arrancó el coche el chofer se dirigió a él mirándole a través del retrovisor.

—Joven Park… —Su voz sonaba seria pero extrañamente amable. — Debería comenzar a prepararse…

—Puede llamarme Jimin… —Se le hacía muy raro que alguien mucho más mayor le hablase con tanta formalidad, pero sabía que a pesar de su petición el chofer seguiría en su empeño.

—En la caja que hay a su lado encontrará todo lo necesario. —Jimin se giró y vio una caja negra con un lazo de raso rojo justo a su lado en el asiento.

 Cogió la caja y la abrió sintiendo como se aceleraba el corazón. En el interior había una carta en un sobre rojo, varias cintas de colores y una bolsa de terciopelo negro en la que debía meter su ropa. La carta le explicaba cómo funcionaba la selección de la cinta y que debía atarla como él quisiera en alguna parte visible de su cuerpo. Era más complejo de lo que parecía, debía indicar no solo su orientación sexual sino también su rol dentro de las prácticas sexuales y su conocimiento sobre el BDSM. Escogió una cinta púrpura con una línea blanca en el centro que por lo visto significaba que era un hombre homosexual versátil y novato en el mundo BDSM. Leyó el resto de la carta en la que le recomendaban que memorizase los colores de las cintas en los que estaría interesado a la hora de encontrar un dominante adecuado.

Antes de memorizar los colores de las cintas decidió acabar de prepararse. Abrió el mensaje del móvil y fue leyendo cada punto para asegurarse de que todo estaba tal y como se le pedía. Debía entrar en el local descalzo y desnudo a excepción de una prenda de ropa interior que podía ser de cualquier estilo, aunque se recomendaba el negro en caso de duda. Podía llevar complementos como pulseras y collares de cuero, pero los complementos de metal como collares, pulseras o anillos estaban absolutamente prohibidos por motivos de seguridad.

Comenzó a desnudarse en el asiento trasero de aquella limusina, se sintió observado y por un segundo su mirada se cruzó con la del conductor a través del pequeño espejo. Se le escapó una sonrisa ladina y se mordió el labio al dejar el pantalón y la camisa dentro de la bolsa de terciopelo. Esa era una de las muchas filias que Jimin tenía, sentirse observado en sus momentos íntimos le excitaba muchísimo y esa había sido la principal razón por la que se había sentido interesado en iniciarse en el BDSM. El día que Jimin conoció a su «host» en aquella discoteca este le comentó que el voyerismo era una de las prácticas más comunes dentro ese mundo. Le invitó al club como aprendiz para que viese de qué se trataba y pudiese después decidir si quería repetir, o no.

Cuando su cuerpo ya solo estaba cubierto por la ropa interior y unos complementos de cuero que había comprado para la ocasión se volvió a acomodar en el asiento y se dispuso a decidir donde atar aquella cinta que delataría sus intenciones al resto de presentes en el club. Se probó la cinta en su cuello y en su muñeca, pero le parecieron lugares demasiado comunes; dio por hecho que sería lo que todos habrían hecho y él quería destacar. Probó a atarse la cinta en uno de sus tobillos y sonrió satisfecho. Era el lugar perfecto, coqueto y divertido.

—Joven Park, recuerde que debe dejar los aparatos electrónicos antes de entrar.

Asintió sonriendo al chofer como agradecimiento por recordárselo. La privacidad era un factor clave dentro del mundo BDSM por eso ningún aparato electrónico podía acceder al recinto. Cogió la bolsa de terciopelo negro y guardó en ella su ropa y también el móvil y la apoyó en sus muslos para no olvidarla al salir.

Se entretuvo por unos minutos memorizando que colores de cintas le interesaban y antes de darse cuenta la limusina frenó. Se sorprendió al ver que no estaban en la calle, el automóvil había entrado en un gran edificio y ahora estaban en una zona cubierta. Cogió la bolsa y salió del coche antes de que el chofer pudiera abrir la puerta. Avergonzado se disculpó entre risas.

—Disfrute de la noche señor Park. —La expresión del chofer luchaba por ser indiferente, pero le escapaban miradas de reojo para poder observar el cuerpo definido y ligeramente musculado del joven. Aquellas miradas furtivas hicieron que la piel que Park se erizase de placer y no pudo evitar contonearse entre sonrisas mientras se despedía del él.

Escuchó como la limusina se alejaba y suspiró mirando las grandes puertas de madera. Sabía que podía marcharse de allí en cualquier momento si algo le incomodaba. Pero, aun así, Jimin era consciente de que abrir las puertas de aquel lugar significaría el inicio de una historia importante, posiblemente algo que cambiaría su vida.

—1, 2 y… ¡3! —Tomó aire y empujó las puertas que se abrieron dando un terrible chirrido y a diferencia de lo que esperaba solo vio un pasillo en completa oscuridad— ¿Qué coño…?

Esperaba que alguien le recibiese, pero allí no había nadie. Caminaba expectante por el pasillo mirando a su alrededor, pero no era capaz de ver el final. Estiró los brazos para palpar las paredes y comenzó a preguntarse si aquello había sido una buena idea. Justo cuando iba a darse media vuelta y salir cuando una pequeña ventanita se abrió a su lado y pudo ver la luz. Al otro lado había una mujer desnuda, con un cuerpo menudo y sin duda atractivo, pero no podía ver su cara que quedaba cubierta por una ligera tela negra que apenas dejaba intuir sus facciones. A Jimin, deseoso de un gesto amable que le tranquilizase, le pareció adivinar una sonrisa en sus labios.

—Bienvenido señor Park. Le esperábamos. Si me lo permite guardaré sus pertenencias. Se las dejaré en la casilla 555 del vestuario para cuando quiera marcharse. Podrá ver dentro de las salas a varias personas con trajes blancos. Diríjase a ellos siempre que tenga una consulta o quiera abandonar el lugar. Disfrute mucho de su estancia, señor Park. Esperamos verle muy a menudo.

Se cerró la ventana y justo a su lado se abrió una puerta. Se asomó al interior con curiosidad y sus ojos se agrandaron con sorpresa. Aquel lugar era exactamente lo que había imaginado o quizás incluso mejor.

[CONTINUARÁ]